sábado, 31 de marzo de 2007
Mercurio en pescado y marisco
Entre las especies particularmente contaminadas por metil-mercurio destacan el tiburón, el pez espada, la caballa y otras especies de atunes
27 de marzo de 2007 | JOSÉ JUAN RODRÍGUEZ JEREZ
Casi todos los pescados y mariscos contienen algunos rastros de metales pesados, especialmente de mercurio que, pese a que en su forma no orgánica es poco tóxico, la metilada posee una elevada toxicidad. En la mayoría de las personas el riesgo de esta contaminación es bajo. No obstante, algunas especies como el tiburón, el pez espada, la caballa y algunos atunes contienen altos niveles de este contaminante que pueden perjudicar a personas consideradas sensibles, como mujeres embarazadas.
El pescado y el marisco son, en términos de alimentación saludable, una parte importante de la dieta. Incluso su consumo regular puede ayudar a reducir los niveles de colesterol, los problemas cardiovasculares e incluso algunos tumores.
Esto se debe, básicamente, a la calidad de su proteína y su grasa, con aminoácidos esenciales en cantidad más que adecuada, escasa cantidad de grasas saturadas y una importante proporción de ácidos grasos omega 3. Además, existe una baja implicación de este producto en las enfermedades de transmisión alimentaria.
Sin embargo, casi todos los pescados y mariscos contienen algunos rastros de metales pesados, especialmente de mercurio. Este contaminante se puede detectar en el medio ambiente fruto de una contaminación química de origen industrial. Liberado al ambiente, cae desde el aire al agua y al suelo.
La acumulación tiene lugar en el agua de río, lagos y océanos, donde es transformado en metil-mercurio, forma orgánica del metal pesado que se encuentra en la naturaleza y que se introduce en los sistemas biológicos.
Mercurio en pescado
El mercurio como tal, en su forma no orgánica, es poco tóxico, mientras que su forma metilada posee una elevada toxicidad.
Cuanto más tiempo pasa libre en el medio ambiente, más peligroso y más posibilidad de que se encuentre en el agua, en el pescado o en otros animales o plantas del ecosistema contaminado.
De ahí se irá concentrando conforme se avanza en la cadena trófica, es decir, cuantos más animales se han saltado en la cadena alimentaria, mayor será concentración y, por tanto, mayor su toxicidad.
Todo ello explicaría porqué el metil-mercurio no se acumula por igual en todos los animales sino que depende del comportamiento alimentario de éstos. De ahí que los niveles varíen de unas especies a otras.
Consumo de pescado y mercurio Según la Agencia para los Alimentos y los Medicamentos estadounidense (FDA, en sus siglas inglesas) y la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA), ambas de referencia en EEUU, se pueden tomar hasta 350 gramos a la semana, siempre que se trate de especies de pescado con una baja concentración de mercurio.
De entre ellos destacan los langostinos, el atún enlatado claro, el salmón y muchos peces del grupo de los bacalaos, entre otros. En este caso, la cantidad dependerá de las cifras propias de los diferentes países.
Al seguir estas tres recomendaciones para seleccionar y comer el pescado o marisco, las mujeres y los niños reciben los beneficios de comer pescado y mariscos y reducen la exposición a los efectos dañinos del mercurio.
Entre las especies particularmente contaminadas por este metal pesado resaltan el tiburón, el pez espada, la caballa y otras especies de atunes.
Si, por el contrario, el pescado a consumir se encuentra entre los grupos de peces más contaminados de forma natural, entonces no se debería de comer más de una vez a la semana, es decir, unos 150 gramos.
Mercurio y riesgos
Si se consume regularmente pescado contaminado en pequeñas cantidades de metil-mercurio, éste puede ser eliminado del organismo con el tiempo (se necesita un año aproximadamente para poder verificar una disminución significativa).
27 de marzo de 2007 | JOSÉ JUAN RODRÍGUEZ JEREZ
Casi todos los pescados y mariscos contienen algunos rastros de metales pesados, especialmente de mercurio que, pese a que en su forma no orgánica es poco tóxico, la metilada posee una elevada toxicidad. En la mayoría de las personas el riesgo de esta contaminación es bajo. No obstante, algunas especies como el tiburón, el pez espada, la caballa y algunos atunes contienen altos niveles de este contaminante que pueden perjudicar a personas consideradas sensibles, como mujeres embarazadas.
El pescado y el marisco son, en términos de alimentación saludable, una parte importante de la dieta. Incluso su consumo regular puede ayudar a reducir los niveles de colesterol, los problemas cardiovasculares e incluso algunos tumores.
Esto se debe, básicamente, a la calidad de su proteína y su grasa, con aminoácidos esenciales en cantidad más que adecuada, escasa cantidad de grasas saturadas y una importante proporción de ácidos grasos omega 3. Además, existe una baja implicación de este producto en las enfermedades de transmisión alimentaria.
Sin embargo, casi todos los pescados y mariscos contienen algunos rastros de metales pesados, especialmente de mercurio. Este contaminante se puede detectar en el medio ambiente fruto de una contaminación química de origen industrial. Liberado al ambiente, cae desde el aire al agua y al suelo.
La acumulación tiene lugar en el agua de río, lagos y océanos, donde es transformado en metil-mercurio, forma orgánica del metal pesado que se encuentra en la naturaleza y que se introduce en los sistemas biológicos.
Mercurio en pescado
El mercurio como tal, en su forma no orgánica, es poco tóxico, mientras que su forma metilada posee una elevada toxicidad.
Cuanto más tiempo pasa libre en el medio ambiente, más peligroso y más posibilidad de que se encuentre en el agua, en el pescado o en otros animales o plantas del ecosistema contaminado.
De ahí se irá concentrando conforme se avanza en la cadena trófica, es decir, cuantos más animales se han saltado en la cadena alimentaria, mayor será concentración y, por tanto, mayor su toxicidad.
Todo ello explicaría porqué el metil-mercurio no se acumula por igual en todos los animales sino que depende del comportamiento alimentario de éstos. De ahí que los niveles varíen de unas especies a otras.
Consumo de pescado y mercurio Según la Agencia para los Alimentos y los Medicamentos estadounidense (FDA, en sus siglas inglesas) y la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA), ambas de referencia en EEUU, se pueden tomar hasta 350 gramos a la semana, siempre que se trate de especies de pescado con una baja concentración de mercurio.
De entre ellos destacan los langostinos, el atún enlatado claro, el salmón y muchos peces del grupo de los bacalaos, entre otros. En este caso, la cantidad dependerá de las cifras propias de los diferentes países.
Al seguir estas tres recomendaciones para seleccionar y comer el pescado o marisco, las mujeres y los niños reciben los beneficios de comer pescado y mariscos y reducen la exposición a los efectos dañinos del mercurio.
Entre las especies particularmente contaminadas por este metal pesado resaltan el tiburón, el pez espada, la caballa y otras especies de atunes.
Si, por el contrario, el pescado a consumir se encuentra entre los grupos de peces más contaminados de forma natural, entonces no se debería de comer más de una vez a la semana, es decir, unos 150 gramos.
Mercurio y riesgos
Si se consume regularmente pescado contaminado en pequeñas cantidades de metil-mercurio, éste puede ser eliminado del organismo con el tiempo (se necesita un año aproximadamente para poder verificar una disminución significativa).

